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miércoles, 4 de febrero de 2015

LOS HOMBRES QUE AMAN A LAS MUJERES TRANS.

¿Qué siente un hombre cuando descubre que se enamoró de una mujer trans? ¿Cómo se ve a sí mismo y cómo la ve a ella? Desde las preferencias en la cama hasta la relación con la familia, los cuatro entrevistados que contaron sus secretos pero no quisieron revelar públicamente su identidad van armando un mapa de los prejuicios y las pasiones en juego. A su vez, estas experiencias ponen en jaque la supuesta relación forzosa entre las prácticas, los gustos, el amor y la identidad. ¿Quién tiene el derecho de llamarse homosexual o heterosexual? ¿Cuánto más resiste el elástico que divide al mundo en dos grupos de hombres y mujeres?



Saber qué sienten ellos. Salir de lo que nos pasa a nosotras y con la excusa, o mejor dicho la coartada, o incluso con algún cliente. Para que me digan qué sienten, saber cómo viven esos hombres que no tienen una relación encuadrada dentro de lo “normal” aceptado y hasta legal, ya que si bien hay matrimonio igualitario, no olvidemos que ellos salen con chicas sin documentos... Cuánto comparten de la vergüenza que la sociedad impulsa frente a las personas trans, si tienen identificado dónde reside su deseo, si se consideran homosexuales, si les ha costado hacer lo que les da la gana. Así comencé una no tan ardua tarea de ubicarlos. Mi primera gran sorpresa fue descubrir que estaban dispuestos a contestar mis preguntas más morbosas o indiscretas, pero jamás a revelarse: ninguno aceptó fotos, ni dar datos de ningún tipo. Uno de ellos me pidió cambiar su nombre e incluso su edad. Fuerte sorpresa fue conocer que a la gran mayoría les da vergüenza reconocer una relación en la que están metidos hasta los huesos. Aman en la oscuridad. 

Desde ya, mi asombro fue un poco de sal en la herida abierta: al escuchar a estas personas hablar de sus relaciones (en las cuales estaba incluida como trans y en relación con un hombre) sentí que mi baja autoestima volvía al ataque. Ser una persona ocultada, invisibilizada, acallada en mi identidad de género es más que difícil, saber que alguien te quiere pero te oculta es una mezcla de sentimientos donde la desvalorización gana terreno. Paso a paso, durante las entrevistas fui comprendiendo que lo más difícil para estos hombres es tomar posición: temen el juicio ajeno, la mirada lacerante de sus pares y a su familia. “Eso no está bien”, “eso no se hace”, “estás en falta”: llevan en sus cabezas la vieja máxima de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Bien, parece que ellos no encuadran en este mandato: jamás trascenderán, no dejarán su impronta, ya que sólo deja huella el hombre heterosexual sano y normal, mientras los no tan hombres arrastrarán la falta de amar a una mujer “no tan mujer”.

 Mientras realizaba estas diferentes entrevistas no dejaba de sentir algo de enojo: debemos hasta soportar ser amadas en las penumbras y junto a ellos culminamos por alejarnos del mundo. Me esforcé en dejar mis prejuicios y en ser respetuosa –cosa que no es habitual– de cómo se define subjetivamente el otro. No es común permitir a los demás que se definan como se sienten.


1 “Yo soy el hombre y ella mi mujer, así funcionamos, el resto no importa”
Daniel, 49 años, empleado.
¿Hace cuánto que estás en pareja?
–Ocho años, más o menos.
¿Cómo conociste a tu novia?
–Acá en el barrio, la veía pasar todas las tardes frente a mi trabajo.
¿Cuándo sentiste que te gustaba?
–Apenas la vi. Un día, un compañero la paró y le dio mi teléfono; yo no me animaba, me daba vergüenza que me cortara el rostro.
Ah, ¿ Eres tímido?
–Sí, mucho, pero ella no. Ella me llamó y me pregunto qué quería. Yo (silencio y sonrisas) le dije que quería conocerla, que me gustaba...
¿Y? ¿Qué te contestó?
–Que cuándo quería verla. Yo ahí me puse más nervioso porque pensé que al final ella no iba a querer, que iba a tener que convencerla y eso mucho no me gusta.
¿Habías tenido novias trans antes?
–No, salí una noche con una chica del boliche, pero novia no.
¿Qué te gusta de una chica trans o de ella puntualmente?
–No sé, creo que... no sé cómo explicarlo. Me gusta de ella porque es linda y muy femenina, y no todas son así; no sé... son más hombres...
¿Y eso no te gusta?
–No, me gustan las chicas que son chicas, no me gustan los gays; sólo las chicas travestis o trans, pero lindas.
¿Cuál es la diferencia para  ti entre las mujeres trans y las que no lo son?
–No sé... que nacieron hombres y después eligieron ser mujeres... No hay diferencia sólo por su sexo, después en su interior son todas iguales (risas).
¿Te gustaría que tu novia se opere?
–Si ella quiere, sí. Una vez lo hablamos porque vimos algo en la tele y me dijo que algún día lo iba a pensar, que le daba miedo, que era una operación con riesgos... A mí también me da miedo; además le digo que se quede tranquila, que yo la amo como es.
¿Cómo llevas tu relación con tus amigos y tu familia?
–Más o menos; algunos de mis amigos se abrieron, me dijeron que no me entendían, que cómo me había enamorado de alguien así, que yo era mujeriego y podía tener mil viejas. Qué sé yo... Son así... Mi familia al principio bien, pero con el tiempo, cuando vieron que la relación estaba avanzando, empezaron a romper... mi vieja más que nada.
¿Cómo te rompían?
–Me invitaban los domingos, pero nunca la invitaban a ella. Y yo solo no iba a ir, si mis hermanos van con sus esposas, yo quería ir con mi novia.
¿Y tu novia qué decía cuando pasaba esto?
–Nada, se ponía mal porque me veía mal, pero no más que eso... Un día se peleó en Navidad con mi mamá, se dijeron de todo, no me hablaron por mucho tiempo.
¿Por qué empezó la pelea?
–Porque mi vieja siempre jode con sus nietos, tira palos con que quiere nietos, sabiendo que Ale no se los puede dar. Tengo una cuñada que le metió los cuernos a mi hermano, pero la tratan como si nada; y a Ale con cualquier cosa ya rompen...
¿Pasó algo ahora que salió la ley de matrimonio?
–Sí, comentarios que me cuenta mi hermano. Mi vieja dijo que si me casaba, no iba a ir, que no quería pasar vergüenza.
Te voy a cambiar de tema. ¿El tema sexual cómo lo llevas?
–Nada, me gusta ella y listo. Para mí es una mujer aunque no esté operada, si ella me respeta y me quiere como hombre, el resto no importa: yo soy el hombre y ella mi mujer, así funcionamos, el resto no importa.
¿A qué te refieres con que “yo soy el hombre y ella la mujer”?
–A que yo soy el hombre y ella la mujer. Yo la penetro.
Ah. ¿Ale trabaja?
–No quiero que esté todo el día en la casa sin hacer nada, así que hace rato que se puso a estudiar y ahora trabaja. Yo la ayudé a abrir una peluquería.
¿No eres celoso ni machista entonces?
–Sí, algo de eso soy, pero confío en ella... (sonrisa).
¿Tienen parejas amigas que estén en la misma condición?
–No, ella tiene muchas amigas, pero no le gusta mezclarse porque siempre dice que las chicas son peligrosas, mejor tenerlas lejos. A veces entre ellas se quitan los maridos y Ale no quiere problemas, así estamos bien.
Ultima pregunta, sé que tienes que ir a trabajar. ¿Cómo te defines?
–Yo soy hombre, no bisexual, porque no me gustan los hombres... Sólo me gustan las mujeres. Aunque algunas sean diferentes, tienen que ser mujer.

2“Creo que la falta de afecto familiar acarrea mucho dolor que no les permite amar”

Gustavo, 36 años, empleado.


¿Cómo fue que conociste a tu primera novia trans?
–Era amiga de mi hermana, mi hermana me la presentó.
¿Te gustó desde el primer momento?
–Sí, era muy femenina, no parecía un travesti.
¿Cómo fue ese primer encuentro? ¿Quién lo empezó todo?
–Un día me dijo que se volvía al interior, y yo le dije que antes tenía que presentarle a alguien que gustaba de ella, un amigo. Entonces la invité a mi casa cuando no había nadie y cuando vino, le dije que era yo. Pasó lo que tenía que pasar y empezamos a salir.
¿Qué sentiste esa primera vez?
–Nervios... al principio nervios, lógico cuando estás frente a algo nuevo. Sientes contradicciones porque estás ante alguien que te atrae, pero te encuentras entre tu deseo y la culpa.
¿Qué fue lo que más te llamo la atención, qué te gustó?
–No sé, la piel, las caricias son diferentes a estar con una mujer, son como más fuertes, es como más enérgico, violento. Me gustó.
¿Cómo fue la relación?
–Al comienzo todo era sexo. Había cosas lindas, como esperarme a la mañana con una pastelito cuando me iba a trabajar, y tomar café juntos. Pero igual fue difícil.
¿Por qué?
–El tema de las adicciones. Ella consumía bastante, fue una relación tormentosa. Encima en el ‘85 no era como ahora, era como vivir en el gueto de Varsovia, discriminados totalmente. Creo que la falta de afecto familiar acarrea mucho dolor que no les permite amar.
¿A qué te refieres?
–A que de mis dos relaciones, bastante difíciles, no vi lazos estables, no vi familia.
¿Qué pasó entonces?
–Volví con mi novia, nos casamos, pero nunca logramos tener hijos. Mientras tanto pasé 10 años de mi vida así, sin poder olvidarla. Un día me la volví a cruzar y empezamos de nuevo; pero igual nada cambió, hasta que decidí terminar con todo. Era agotador: del sexo a la pelea por nada.
Piensas que todas las chicas viven lo mismo?
–No... pero son la mayoría, por lo menos en ese tiempo; lo veía en sus amigas, todas con la misma historia. A veces son aceptadas cuando llevan regalos, cuando hay que terminar la casa; no acepto a mi hija porque es travesti o se prostituye, pero sí acepto el fruto de ese lugar. Y ellas a veces compran afecto.
¿Hoy cómo está tu vida?
–Al final conocí una chica trans y sentí que no era como saltar a la pileta vacía, era otra cosa, ella tenía lazos afectivos, no ejercía la prostitución y eso es importante.
¿Por qué?
–Porque creo que hace mal; no cuestiono a quien la ejerce, pero opino que es más lo que te saca que lo que te da, te despersonaliza. Con "L" todo empezó diferente, ya no era tan fuerte lo sexual, como en mis otras relaciones, que no sólo era explosivo lo sexual sino la relación misma.
¿Tu familia conoce tu relación?
–No. Es difícil porque siempre está el miedo a que no te acepten, a que te juzguen.
La intimidad sexual, ¿cómo la vives?
Lo del sexo es difícil, hay roles fijos que están instalados; con mis relaciones a veces había roles activos y pasivos; en realidad, que te cojan o no, no te define como hombre, a veces te sientes mal porque de chico te metieron en la cabeza cómo se debe y cómo no se debe coger.
¿Cómo te defines?
–Yo soy un hombre que le gusta la feminidad; no podría estar con otro hombre, me gustan las mujeres. En este mundo capitalista los roles están definidos así, pero en la antigüedad no era como ahora; en Roma, los hombres tenían relaciones con hombres y mujeres, y no eran vistos como homosexuales, eran prácticas sexuales y nada más. Ser activo o pasivo no te define, uno se auto-define; tampoco las relaciones son tan estáticas, un día se puede estar de un lado o del otro, todo depende cómo vivas tu sexualidad. De última, ¿a quién le importa tu vida íntima? Ahí tu puedes hacer lo que quieras.
¿Piensas formar una familia?
–Ya tengo una familia, somos una familia.
¿Qué diferencias hay para ti, si las hay, entre las chicas trans de las que no lo son?
–Primero, en muchas hay exacerbación de la feminidad o de la postura femenina que puede caer en el ridículo; una postura de vedettismo, de pose, que al hombre le gusta, pero es difícil de llevar. Con respecto a las relaciones todo es más directo, no hay vueltas, es más concreto, qué sé yo... vamos a coger, si entró, entró. Con las otras hay más vueltas, más histeria, todo lleva más tiempo. También hay mujeres no trans que están en pose, en vedette, pero sólo queda ahí.
¿Te gustaría que tu pareja se operara?
–No lo sé... Porque en la relación de hombre-mujer hay un rol determinado, en cambio en una relación trans nunca sabes de qué lado puedes quedar. Está buena la dualidad, por eso creo que cuando buscas una trans, buscas esa dualidad, esa mujer especial, diferente, pero mujer al fin; tiene que haber atracción femenina, pero hay un doble juego: es femenina, pero cuando te toca, te besa, hay otra fuerza, es una fuerza más masculina... Es como encontrarte a una hembra con rol diferente. En la naturaleza, la mayoría de los machos dominan a la hembra y acá te puedes encontrar por ahí con una hembra dominante, tu puedes ser el macho, pero los roles pueden cambiar; en cambio con la mayoría de las mujeres no trans buscan la protección del hombre, no rompen con el molde social.

3 “Me gustan que sean dulces, cariñosas, femeninas; si llegan y no son así, les pago lo mínimo y les pido que se vayan”
Juan, 34 años, bancario
¿Estás en pareja con una chica trans?
–¡No! Es mujer tradicional.
¿Has tenido parejas trans?
–No... siempre mujeres, me casé y me separé, ahora tengo novia, pero normal. Con las travestis voy siempre para tener sexo, no las veo como objeto de amor, como objeto sexual.
¿Tu separación tuvo que ver con esto?
–Por mi adicción a los travestis; eso me llevó a separarme, perder un trabajo, que me embargaran el sueldo. Recién ahora estoy saliendo, de a poco estoy controlando algo más mi adicción. Llegué a estar todos los días de la semana con una diferente. Eso implica mucho dinero: a las chicas yo les pago, las busco por Internet o por el diario, las llamo, acordamos un dinero y vienen.
¿Me explicas un poco mejor eso de objeto sexual solamente?
–Les pago y listo. Me gustan que sean dulces, cariñosas, femeninas; si llegan y no son así, les pago lo mínimo y les pido que se vayan.
O sea que no es sólo sexo. ¿Hay afecto?
–Sí, es fundamental; si no son dulces, no me atraen. Ellas igual se sienten bien conmigo, a veces no se quieren ir, comen conmigo y se quedan a dormir, las trato muy bien, no me gusta que se sientan mal. Pero, bueno, cuando empieza a haber mucha intimidad, no las llamo más. Es como que sólo necesito tener una fantasía de amor.
Con respecto al aspecto sexual, ¿cómo lo vives?
–No tengo miedos con eso, tienen que tener senos, eso sí. Que sean bastante femeninas, su parte genital masculina mejor que sea inexistente, no dotadas.
¿Las transexuales operadas también te gustan?
–No... Me gustan que tengan pene, inexistente pero pene. No sé, debe ser un fetiche mío, seguro. Creo que ahí está la diferencia con las normales y eso me confunde, que sean diferentes.
¿Cuál es la diferencia para ti entre las chicas trans y las otras mujeres?
–No sabría decirte. Por lo obvio, que tienen pene, pero después son bastante parecidas, aunque las trans son un poco más sufridas, como que necesitan más afecto, se hacen las duras, pero cuando entran en intimidad y tu las tratas bien, son re tiernas, sensibles...
¿A qué te refieres con “más sufridas”?
–A que de chicas tuvieron que pasar de todo, castigos familiares, sociales, mucho rechazo, mala onda, no las aceptan como mujeres porque no lo son para la mayoría, y como travestis tampoco, las maltratan mucho...
¿Cómo te definirías entonces?
–Yo me definiría como un hombre, tengo un criterio amplio de sexualidad, puedo tener una relación heterosexual como no; puedo transitar por estos dos lados, la belleza y la atracción es femenina, si no hay feminidad, no podría estar, no podría estar con un hombre.
Cuándo comenzaste a tener relaciones con trans?
–De los 18 en adelante. Conocí una chica en mi barrio con la que me escapaba de noche a su casa y a su vez ella me presentaba amigas. Como era chico y no ganaba mucho dinero, por lo general era de onda, porque les gustaba.
Recién me dijiste que lo vivías como adicción. ¿Recurriste a algún profesional?
–No, jamás... tengo que aprender que es una parte de mí que no puedo cambiar, hoy la controlo, ya no es tan exacerbado. Pero no lo puedo vencer, sigo tentándome.
¿Por qué piensas que con las chicas sólo puedes tener sexo y algo de afecto?
–No sé... creo que no podría presentarme en sociedad con ninguna de ellas, no podría enfrentar todo lo que implica. Hoy está todo más aceptado, pero igual sigue habiendo prejuicios. En el mundo donde me manejo yo es bravo, creo que hablarían a mis espaldas de mí, dirían cualquier cosa y me lo guardaría, me lo reprimo.
¿O sea que no te mostraste nunca con ninguna?
–Jamás, nunca... no podría. Cuando van a mi departamento, las hago ir tarde, cuando ya no queda nadie, se va el portero y las hago venir. Y se van antes que empiece a llegar la gente.
Entonces, si te pregunto qué piensas del matrimonio igualitario y la ley de identidad de género, ¿qué me dices?
–Ni idea... la del matrimonio está bien, conmigo no cuenten, ja ja... Y la de identidad, jamás escuché hablar de nada. No sé, no me interesa mucho la movida.

4 “Justo ahora salió la ley. Me hubiese casado para dejarla tranquila”
Raúl, 48 años, taxista.
Tienes pareja?
–No, hace un tiempo que estoy solo. Tuve una novia trans, duramos unos cinco años.
¿Cómo la conociste?
–Trabajando en el tacho. La vi a ella trabajando en la calle y la invité a salir después de su trabajo.
¿Era la primera vez que salías con una chica trans?
–No, había salido una sola vez en una despedida de solteros.
¿Empezaron a salir enseguida?
–Enseguida pegamos onda.
¿Siguió trabajando en la calle?
–Un tiempo... eso no me gustaba mucho, pero al principio me lo aguanté.
¿Te lo aguantaste?
–Y sí, yo no quería una novia puta... Se lo dije pero ella decía que era como ir a la oficina, y que tenía que trabajar para pagar el alquiler y cosas que había comprado. Lo hablamos bastante hasta que la convencí y nos fuimos a vivir a mi casa con mi vieja ( Mamá).
¿Con tu Mamá?
–Sí, yo vivo con mi vieja, al fondo me hice un departamento chico y vivo ahí.
¿Le comentaste que te ibas a vivir con tu novia y quién era?
–Se lo dije de una, para no andar con vueltas. No le gustó: me dijo que no le había dicho que era homosexual, y yo le dije que estaba mal de la cabeza, que yo no era puto, que me había enamorado de una chica diferente, pero mujer al fin.
¿Y qué te dijo?
–Algo que me mató.
¿Qué?
–Que le dolía porque no iba a tener descendencia. Y que ella no iba a tener nietos, que era su sueño.
¿Cómo fue la relación mientras duró?
–Los dos primeros años bien, después para el traste. Empezó a decirme que no se aguantaba estar todo el día en la casa al pedo, y no aguantaba a mi vieja que la vigilaba todo el día, le rompía las bolas por todo, si ella quería usar el tendero, mi vieja –oh casualidad– también lo necesitaba... cosas de mujeres. Yo le decía que hiciera algo, que estudiara, pero no quería, le daba vergüenza la gente. Un día escupió a una vieja en el banco porque no dejaba de mirarla, y peleamos re mal.
¿Por qué terminaron?
Porque un día llegué a casa y no estaba; mi vieja me dijo que había salido hace dos horas casi desnuda a la calle y que no tenía que permitirlo porque la gente iba hablar mal.
¿La esperaste?
–Ni loco, estaba re caliente; entonces agarré el auto y salí a buscarla. Cuando la encontré, la cagué a trompadas, le dije de todo y la eché de casa.
¿Fue muy violenta la pelea?
–Todo mal, se fue en otro taxi de un amigo, yo me quedé porque sus amigas no me dejaban ir, me quedé fumando como dos horas en el auto hasta calmarme.
¿No pudieron  hablar de nuevo?
–No... Encima cuando volví a casa me encontré con que había roto todo, inclusive le partió la puerta a mi vieja y le rompió todos los vidrios de la casa. Hasta la policía la andaba buscando.
Muy fuerte...
–Sí, tan fuerte que me apuñaló. Yo salí a buscarla por todos lados y una de sus amigas me dijo que se había ido a la casa de Frutillita, otra travesti. Cuando llegué, salió como loca gritando: “¡Me arruinaste la vida, tu y esa vieja de mierda, nunca tendría que haberme ido a vivir contigo, yo no tengo alma de ama de casa, hijo de puta!”. Empezamos a las trompadas en medio de la calle y en un descuido sacó un cuchillo serrucho no sé de dónde y me dio un puntazo en la pierna... Terminé en mi casa con una de sus amigas que me ayudó a curarme la herida. Igual no era grave.
¿Intervino la policía?
–No, no hice la denuncia; tampoco dejé que la haga mi vieja.
¿Cómo siguió tu vida?
–Re mal, yo la quería mucho, me costó dejarla, pasaba por la esquina para verla y me re dolía verla trabajando.
Desde que estás solo, ¿sigues saliendo con chicas trans?
–No... he salido con chicas comunes, pero no pasa nada, no me enamoro.
¿Por qué piensas que no?
–Porque la quiero a ella, y ahora que encima salió la ley me hubiese casado para dejarla tranquila, para que no tenga miedo al futuro.
¿Al futuro?
–Claro, que pueda tener mi obra social; si me pasa algo, mi pensión; que mi casa sea su casa...
¿Cómo te defines sexualmente?
–Yo creo que bisexual. No sé, me gustan los hombres y las mujeres, aunque haya tenido una novia travesti, nació hombre... Creo yo, igual no me importa mucho.
¿Eres abierto sexualmente?
–Ni ahí, yo soy el hombre y ella la mujer... si naciste hombre, eres hombre y si naciste mujer, mujer... A mí no me coge una mujer...
¿Y si naciste trans?
–Compórtate como una mujer... tienes alma de mujer, tienes que ser mujer.
¿Qué es ser mujer para ti?
–No sé, como toda mujer, trabaja, estudia o se queda en la casa, cuida a sus hijos, a su marido... eso.
¿Cómo es hoy la relación con tu Mamá?
–No le doy mucha lata, mi vieja fue responsable también por ser tan guerrera, por eso la dejo sola, ni los domingos voy a comer con ella.
¿No pensaste irte de tu casa?
–Ni loco, es mi casa también... aparte yo vivo al fondo y me costó mucho hacerme el departamento. Ella tiene que entender que ya soy grande.
¿Cómo imaginas tu futuro?
–Mmm... Quisiera conocer a alguien, si no me arreglo con mi ex, travesti o no, empezar una vida de pareja, no estar solo, no me gusta.
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Ellos sufren en silencio, son hombres como cualquier otro. Pero, ¿qué es ser un hombre? Fueron absolutamente respetuosos conmigo como con cualquier otra mujer; es más, sentían la necesidad de ser escuchados, de mostrar su enojo invisibilizado, si no, no hubiesen aceptado la entrevista y no hubiesen dicho todo lo que dijeron. Ellos quieren que se sepa lo que sienten. Pero tampoco hay que olvidar lo que nosotras como mujeres transexuales, como personas, como seres humanos sentimos al tener esa clase de "amor clandestino" si es que a eso se le puede llamar amor.





viernes, 2 de enero de 2015

El miedo Masculino a la potencia sexual femenina.

Entre 1970 y 1988, William Hartmann, del Centro para Problemas Maritales y Sexuales, en California, monitorizó el orgasmo de 469 mujeres y 289 hombres voluntarios. El mayor número de orgasmos en una hora fue de 134 para la mujer y 16 para el hombre.

El miedo de los hombres a la potencia arrasadora de la sexualidad femenina ha sido uno de los grandes motivos para encerrar a las mujeres en el ámbito doméstico, para cubrir sus cuerpos (desde el velo hasta el burka), para mutilarlos (dos millones de niñas al año son castradas -ablación de clítoris- a manos de sus familiares) y para estigmatizarnos como seres más próximos a la animalidad y la irracionalidad que a la cultura y la civilización humana.
La mayor parte de los monstruos femeninos de las culturas patriarcales son seres eróticos, voraces, insaciables sexualmente, apasionados, crueles hasta el extremo. Las Gorgonas, las Harpías, las Erinias, las Amazonas, las Sirenas, la Esfinge, las Succubus, Medusa, las Lamias, las Centaurides, las Empusas, Artemisa, Afrodita…
Otras diosas monstruosas fueron: Andras, un Espectro Bisexual; Astartea, el Ángel del Infierno; Gomory, la Maestra del Sexo; Is Dahut, la Amante Insaciable; Perséfone, la Reina del Inframundo; Zalir, la Lesbiana, Zemunín, la Prostituta.
Lamia, el Mito de la Vagina Dentada. Es un personaje femenino de la mitología grecolatina, caracterizado como asustaniños y seductora terrible.
Otras mujeres malas (malas porque se sienten libres y actúan como quieren) son Lilith (para la cultura hebrea) y Eva (para la cristiana), porque con su curiosidad corrompen la bondad del hombre.
Lilith es considerada la primera esposa de Adán en la literatura rabínica. En las leyendas populares hebreas es el espíritu del mal y la destrucción, el demonio animal con rostro de mujer. Dios no la creó a partir de la costilla del primer hombre, sino de “inmundicia y sedimento”. Según Erika Bornay (1998), Lilith y Adán nunca encontraron la paz, principalmente porque Lilith, no queriendo renunciar a su igualdad, discutía con su compañero sobre el modo y la forma de realizar su unión carnal.
Lilith consideraba ofensiva la postura recostada que él exigía. “¿Por qué he de acostarme debajo de ti?”, preguntaba, “yo también fui hecha de polvo, y por consiguiente, soy tu igual”. Como Adán trató de obligarla por la fuerza, Lilith, airada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó en el aire y lo abandonó. La diablesa huyó del Edén para siempre y se fue a vivir a la región del aire “donde se unió al mayor de los demonios y engendró con él toda una estirpe de diablos”.
Las religiones monoteístas, en general, se esfuerzan mucho en condenar el deseo de la mujer y en tratar de constreñir el erotismo femenino a la tarea de la reproducción. Según Erika Bornay, los penitenciales medievales revelan que el acto carnal entre un hombre y una mujer no unidos en santo matrimonio era considerado más grave que el asesinato:
“El continuo apelar a la abstinencia, esta insistencia en la maldad intrínseca del goce sexual, este desprecio sin paliativos por la carne necesitó de la figura de un ‘impulsor’, un culpable, un ser proclive al pecado, que no fuera aquel hombre creado a ‘semejanza de Dios’. Se necesitaba de ‘otro’ que por la lógica de estas filosofías patrísticas, iba a ser otra: Eva, la Mujer. Es en ella en quien los padres de la Iglesia encarnarán todas las tentaciones del mundo terrenal, el sexo y el demonio. Y ello pese a que en el Antiguo Testamento el hombre reconoce a la mujer como su igual”.
La moral patriarcal ha dividido a las mujeres en dos grupos: las seductoras, que destacan por su erotismo y sexualidad; sus artes sensuales sirven para desorientar y manipular a los hombres, que tienen que huir de ellas para no sentirse dominados. Y por otro lado están las discretas, que aparentan no sentir deseo alguno. Las primeras son malas porque son promiscuas, y porque no son sumisas a la autoridad masculina, ni se sienten objeto perteneciente a ningún dueño. Las segundas son las madres y las esposas, esas mujeres complacientes y bondadosas que tienen sexo solo por complacer a sus maridos, no porque lo deseen por ellas mismas.
Esta idea implica que su cuerpo, de algún modo, no es suyo, sino del hombre con el que se casa, del cura que la confiesa, del médico que la explora, del gobernador que ejecuta las leyes, de los parlamentarios que las aprueban. Su cuerpo reproductor es un bien social, por eso la maternidad se contempla como algo obligatorio, natural y necesario para las mujeres.
Ya sabemos que a las mujeres que han elegido un camino distinto haciendo ejercicio de su libertad les ha tocado morir torturadas, asesinadas, y quemadas en la hoguera. La figura de la bruja, la vampiresa, la loba, la hiena, ha sido común para representar a las mujeres con deseo sexual, y forma parte de las pesadillas del imaginario masculino la mujer a la que ningún hombre sacia.
En nuestra cultura, las mujeres que han disfrutado de su cuerpo y su sexualidad han sido siempre estigmatizadas socialmente como malas mujeres, mujeres de vida alegre, mujeres de la calle, putas o ninfómanas. En definitiva, las mujeres que se apartan de sus estereotipos y roles de género, y su función reproductora, son penalizadas socialmente por ello, y esto ha sido así durante muchos siglos.
Por eso han tenido que recurrir siempre a cómplices y ayudantes para poder vivir su sexualidad al margen de la moral patriarcal. En el caso de las lesbianas, el ambiente doméstico propició de alguna manera que las mujeres pudieran compartir placeres y cariño sin la represión masculina, aunque siempre en la clandestinidad.
En el caso de las heterosexuales, son las alcahuetas, celestinas, criadas… las que ayudaban a las mujeres recluidas en su casa destinadas a un matrimonio de conveniencia. Ellas facilitaban los acercamientos masculinos, el establecimiento de las citas clandestinas, el reparamiento de virgos antes de las bodas, el adulterio sostenido de las casadas. Y es que la hipocresía cristiana y burguesa daba por sentado que las mujeres no tenían deseos propios y que su deber era guardarse del deseo masculino, siempre potente y desbocado.
El clítoris fue descubierto en el siglo XVI y redescubierto por la sexología a finales del XIX. El orgasmo múltiple en el XX. Cuando digo “fue descubierto” me refiero a que lo descubrió la Ciencia, que hasta entonces había sido exclusivamente cosa de hombres. Nosotras ya sabíamos lo del clítoris y también conocíamos los orgasmos múltiples sin que ningún especialista nos tuviera que decir nada. Pero para la opinión pública supuso un escándalo constatar no sólo que la sexualidad femenina no es inferior ni más débil que la masculina, sino probablemente más placentera que la masculina porque la mujer no se descarga y muere, sino que es capaz de perderse en las cimas del placer sin descender de ellas durante mucho tiempo.
En el caso de los hombres, el orgasmo es esencial para la inseminación: las embestidas empujan los espermatozoides dentro de la vagina. El óvulo de la mujer, sin embargo, es expulsado naturalmente por el ovario una vez al mes, independientemente de su respuesta sexual; esto es lo que hace incomprensible la función del orgasmo múltiple para los científicos.
Según Helen Fisher (2007), una de las causas del orgasmo femenino radica en el placer que siente la mujer: “para la mujer el orgasmo es un viaje, un estado alterado de conciencia, una realidad diferente que la eleva por una espiral que llega hasta el caos, y que luego le proporciona sensaciones de calma, ternura, y cariño que tienden a cimentar la relación con el compañero”.
Otros autores inciden en la idea de que el orgasmo sacia a la mujer, y eso la induce a permanecer acostada, lo que impide que la esperma escape del canal vaginal.  El antropólogo Donald Symons piensa que, al no tener el orgasmo femenino una utilidad directa en la concepción, es un fenómeno anatómico y fisiológico innecesario que ha subsistido a la evolución femenina solo por su importancia para los hombres. Como el orgasmo es señal de haber llegado a la máxima satisfacción, a los hombres les gusta que la mujer lo experimente porque es la prueba de la gratificación de su compañera, y tal vez porque suponen que de ese modo tenderá menos a buscar aventuras sexuales.
Desde esta óptica (poco afortunada a mi entender), el orgasmo femenino sirve o existe para alimentar el Ego del macho y lo prueba el hecho de que muchas fingen tenerlo para no herir a su compañero. Catharine MacKinnon, por ejemplo, ve en la “simulación del orgasmo” una demostración ejemplar del poder masculino de conformar la interacción entre los sexos de acuerdo con la visión de los hombres, que esperan del orgasmo femenino una prueba de su virilidad y el placer asegurado por esta forma suprema de sumisión.
Como el placer femenino no ha de ser retenido, ni cae en picado como sucede en la eyaculación, la mujer que disfruta está siempre en el cénit, navegando por las cumbres del éxtasis. Es, en este sentido, un placer desordenado, sin principio ni fin: “En su erupción voluptuosa, el cuerpo femenino es desobediencia civil a la anatomía impuesta; induce metafóricamente una nueva socialidad, un nuevo exceso; y demuestra lo siguiente, que lo genital y sus placeres localizados son una limitación a la que un día, hace poco, obligamos al cuerpo”. (Pascal Bruckner, 1977)
La sexualidad femenina confunde al hombre, según este autor, porque constituye, aun hoy en día, un tipo de sexualidad diferente a la suya, un mundo, pues desconocido y temible. El hombre nunca puede estar seguro de si su aparato sexual va a funcionar como es debido, si después de una erección podrá lograr otra. A veces se encuentra atrapado en su propio falo mientras el placer de la mujer se expande en el tiempo y el espacio: “En los orgasmos de las mujeres habitan unos universos increíbles de los que nos enamoramos locamente a pesar de su distancia insuperable. Aun cuando los gestos de la amada parecen dirigidos y dedicados a nosotros, siguen expresando las oscuras regiones que nos excluyen”. (Bruckner, 1977)
Las mujeres deben orientar y definir su erotismo de acuerdo con las normas dominantes y simultáneamente, con las específicas de su género. Las mujeres tienen así, según Marcela Lagarde, una doble asignación erótica: tienen deberes, límites, y prohibiciones, por ser miembros de una determinada cultura, y otros específicos por ser mujeres.
Una de las razones por las que existen entre 85 y 114 millones de niñas y mujeres mutiladas en el planeta es porque se piensa que sin capacidad para tener orgasmo, serán mujeres fieles a sus maridos. Si se mutilan masivamente es porque se sabe que todas las mujeres tienen una sexualidad tan “fuerte” o mayor que la del hombre, y por eso se trata de eliminarla. Porque se entiende el cuerpo femenino como para ser usado por un hombre, no para ser disfrutado por la propia mujer. Y también porque se entiende que la sexualidad femenina ha de ser controlada, constreñida, arrancada, para que no se desparrame.