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miércoles, 12 de agosto de 2015

Puntos Erógenos de la Mujer

 Toda nuestra vida adulta escuchamos cosas referentes al punto G, aprendemos como estimularlo y encontrarlo, pero.. ¿Qué pasa cuando estas con una mujer trans?
 La glándula prostática -que es la que vibra cuando un hombre eyacula- es la única vía de acceso para penetrar (si es que no tienes la cirugía de reasignación sexual) en donde se ha demostrado que se puede llegar a tener grandes orgasmos si necesidad de eyacular. Algo que incluso muchos hombres heterosexuales también han recurrido.

Pero bueno, volviendo al tema ¿Sabías que existen alrededor de 10 puntos erógenos en todo el cuerpo de una  mujer?
Sigue leyendo y entérate de cuales son y de cómo puedes volverla loca en la cama, sea trans o no,  sin la necesidad de penetración. 
Cabello y cuero cabelludo
Para las mujeres, las caricias en esta zona, liberan tensiones al comienzo de la relación sexual. La relajación es esencial para que se pueda generar buena tensión sexual en el cuerpo, comenta Alessandra Rampolla autora del libro “Sexo… ¡¿y ahora qué hago?!”

Orejas
La parte de atrás de las orejas y el pabellón auricular aumentan en sensibilidad a medida que la persona va excitándose. Ya sea que muerdas, lamas o chupas… es una zona completamente sensible y llegaras a la excitación en muy poco tiempo.
Nuca, cuello y hombros
¿Quién no se pone a temblar cuando te toman del cuello y rozan sus dedos con tu piel en la nuca? Son partes tan sensibles al tacto que te derriten en menos de un segundo. Pero…Son zonas por llamadas de alguna forma que olvidas cuando tienes sexo, comienza el recorrido besando toda su piel y créeme que tendrás una recompensa. 
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Ojos
La sexóloga Alessandra Rampolla anima a dar besitos suaves sobre los ojos cerrados. Se estimulan los nervios parasimpáticos de los párpados y se produce una relajación que hace más sensible la relación.

Zona axilar y cara interna del antebrazo
Son zonas en las cuales roces de labios, manos y dedos te volverán loca, pero cuidado ya que si tienes muchas cosquillas resultara divertido y cero excitante, ¡Así que a probar.

Dedos

NO SOLO SIRVEN PARA DAR PLACER, prueba mordiéndolos, chupándolos de una forma sensual y picara, sin dejar de verse a la cara.
Columna vertebral
Acariciar lentamente a los costados ya que la columna tiene una serie de nervios que pueden estimularse manual u oralmente, subiendo y bajando a lo largo de la espina dorsal y que garantizan placer.

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 Información tomada del libro “Sexo… ¡¿y ahora qué hago?!” de la autora Alessandra Rampolla.

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lunes, 1 de junio de 2015

10 cosas que has de saber si quieres salir con una mujer con carácter

Una mujer con carácter nace y se hace. Y cuando digo “carácter” hago referencia a adjetivos como fuerte, independiente, autónoma, asertiva y racional.
¿Te consideras una mujer con carácter? Si es así puede que te sientas identificada con lo que voy a decir a continuación.


¿Te gustan las mujeres con carácter? Entonces creo que deberías tener en cuenta estos apartados que tanto nos definen.

1. Somos muy independientes

No te necesitamos en nuestra vida, queremos que formes parte de ella, que es distinto. Queremos compartir contigo experiencias, sentimientos y emociones, pero eso no significa que dependamos de ti para ser felices, porque hemos aprendido a querernos sin la necesidad de contar con nadie. Tampoco vamos contando nuestras penas al primero que pasa, así que si no queremos hablar de sentimientos en la primera cita, no nos presiones.

2. Nos gusta estar solas (que no es lo mismo que sentirnos solas)

Nos sentimos bien en soledad, de hecho a veces hasta lo necesitamos. Esto no significa que no te queramos. Te queremos, pero también queremos nuestro momento de soledad, es lo que nos permite volver a cargar las pilas para luego estar contigo a tope.
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3. Queremos que tengas vida social

¿24 horas sin despegarte de nosotras? Mira, no. Sal con tus amigos/as, diviértete y mantén contacto con el resto de la humanidad. Sabemos que las parejas que no se despegan jamás no duran nada, y si te hemos elegido es porque queremos estar mucho tiempo contigo (pero fraccionado, claro).

4. NO nos gustan las conversaciones de “besugo

Si eres de - Hola, ¿qué tal? – Bien, ¿y tú? – Aquí ando, leyendo – Ah eso está muy bien” será mejor que ni lo intentes. Ya sabemos que lo que hacemos está bien (al menos para nosotras), porque si no, no lo haríamos. No hace falta que rellenes la conversación como un pavo con frases innecesarias y temas banales porque eso ABURRE. Queremos motivos para querer conocerte, no para querer bostezar.
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5. NO somos celosas

Estamos muy seguras de nosotras mismas, sabemos lo que valemos y no tenemos expectativas sobre las relaciones ni vamos a pensar que no nos quieres a la primera de cambio. No queremos que seas el príncipe azul del cuento de hadas porque a nosotras nos da igual que seas azul, lila o amarillo siempre y cuando tengas las cosas claras, nos quieras y nos complementes. Prometemos respetar tu privacidad.

6. NO tenemos miedo a que nos juzguen por nuestra vida sexual y amorosa

Hemos estado con los chicos/as que nos ha dado la gana, porque nos ha dado la gana y sin miedo a ser juzgadas por los demás. Jamás vamos a consentir que nuestra pareja o ligue venga a darnos lecciones de moral. Y si no te gusta nuestra postura, te invitaremos con todo el respeto del mundo a irte por donde has venido. Creemos que el respeto es lo primero.
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7. Sabemos lo que queremos

Y si estamos contigo es porque queremos estarlo, porque si no te aseguro que estaríamos en otro sitio haciendo otra cosa.
Tenemos un plan de futuro lleno de metas y objetivos por cumplir. Si estás con nosotras es porque queremos que formes parte de ese futuro y compartas nuestra ambición y felicidad.

8. Las faltas de ortografía nos ponen nerviosas

Y te mataríamos si las tuvieras, pero es que el asesinato es ilegal. Nos daña la vista recibir cosas comoola wapa k tal¿ xd”. Queremos algo decente, tampoco hace falta ser miembro de la RAE, pero por favor, esfuérzate como nosotras nos esforzamos cada vez que te contestamos con una ortografía como Dios manda. Rezamos para que el tiempo que ahorras en escribir una letra lo uses en bajar a comprarte un cuadernillo Rubio.
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9. Nos encanta pasarlo bien y reírnos

Así que prepárate para divertirte. Sabemos cuándo y cómo comportarnos en cada momento, y cuando toca hacer el payaso lo hacemos sin pensar en el qué dirán (porque nos da igual lo que diga la gente).
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10. Parecemos frías, pero en el fondo somos muy cariñosas

Nos han hecho mucho daño en el pasado, pero si sabes adentrarte en nuestra coraza, te daremos todo el amor que tenemos guardado bajo llave, que no es poco. No sólo esperamos recibir cariño, también damos. Somos de esas personas incondicionales que terminan amando desde lo más profundo de sus entrañas, pero hay que ganárselo. Nosotras nos ganaremos el tuyo también.

viernes, 2 de enero de 2015

El miedo Masculino a la potencia sexual femenina.

Entre 1970 y 1988, William Hartmann, del Centro para Problemas Maritales y Sexuales, en California, monitorizó el orgasmo de 469 mujeres y 289 hombres voluntarios. El mayor número de orgasmos en una hora fue de 134 para la mujer y 16 para el hombre.

El miedo de los hombres a la potencia arrasadora de la sexualidad femenina ha sido uno de los grandes motivos para encerrar a las mujeres en el ámbito doméstico, para cubrir sus cuerpos (desde el velo hasta el burka), para mutilarlos (dos millones de niñas al año son castradas -ablación de clítoris- a manos de sus familiares) y para estigmatizarnos como seres más próximos a la animalidad y la irracionalidad que a la cultura y la civilización humana.
La mayor parte de los monstruos femeninos de las culturas patriarcales son seres eróticos, voraces, insaciables sexualmente, apasionados, crueles hasta el extremo. Las Gorgonas, las Harpías, las Erinias, las Amazonas, las Sirenas, la Esfinge, las Succubus, Medusa, las Lamias, las Centaurides, las Empusas, Artemisa, Afrodita…
Otras diosas monstruosas fueron: Andras, un Espectro Bisexual; Astartea, el Ángel del Infierno; Gomory, la Maestra del Sexo; Is Dahut, la Amante Insaciable; Perséfone, la Reina del Inframundo; Zalir, la Lesbiana, Zemunín, la Prostituta.
Lamia, el Mito de la Vagina Dentada. Es un personaje femenino de la mitología grecolatina, caracterizado como asustaniños y seductora terrible.
Otras mujeres malas (malas porque se sienten libres y actúan como quieren) son Lilith (para la cultura hebrea) y Eva (para la cristiana), porque con su curiosidad corrompen la bondad del hombre.
Lilith es considerada la primera esposa de Adán en la literatura rabínica. En las leyendas populares hebreas es el espíritu del mal y la destrucción, el demonio animal con rostro de mujer. Dios no la creó a partir de la costilla del primer hombre, sino de “inmundicia y sedimento”. Según Erika Bornay (1998), Lilith y Adán nunca encontraron la paz, principalmente porque Lilith, no queriendo renunciar a su igualdad, discutía con su compañero sobre el modo y la forma de realizar su unión carnal.
Lilith consideraba ofensiva la postura recostada que él exigía. “¿Por qué he de acostarme debajo de ti?”, preguntaba, “yo también fui hecha de polvo, y por consiguiente, soy tu igual”. Como Adán trató de obligarla por la fuerza, Lilith, airada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó en el aire y lo abandonó. La diablesa huyó del Edén para siempre y se fue a vivir a la región del aire “donde se unió al mayor de los demonios y engendró con él toda una estirpe de diablos”.
Las religiones monoteístas, en general, se esfuerzan mucho en condenar el deseo de la mujer y en tratar de constreñir el erotismo femenino a la tarea de la reproducción. Según Erika Bornay, los penitenciales medievales revelan que el acto carnal entre un hombre y una mujer no unidos en santo matrimonio era considerado más grave que el asesinato:
“El continuo apelar a la abstinencia, esta insistencia en la maldad intrínseca del goce sexual, este desprecio sin paliativos por la carne necesitó de la figura de un ‘impulsor’, un culpable, un ser proclive al pecado, que no fuera aquel hombre creado a ‘semejanza de Dios’. Se necesitaba de ‘otro’ que por la lógica de estas filosofías patrísticas, iba a ser otra: Eva, la Mujer. Es en ella en quien los padres de la Iglesia encarnarán todas las tentaciones del mundo terrenal, el sexo y el demonio. Y ello pese a que en el Antiguo Testamento el hombre reconoce a la mujer como su igual”.
La moral patriarcal ha dividido a las mujeres en dos grupos: las seductoras, que destacan por su erotismo y sexualidad; sus artes sensuales sirven para desorientar y manipular a los hombres, que tienen que huir de ellas para no sentirse dominados. Y por otro lado están las discretas, que aparentan no sentir deseo alguno. Las primeras son malas porque son promiscuas, y porque no son sumisas a la autoridad masculina, ni se sienten objeto perteneciente a ningún dueño. Las segundas son las madres y las esposas, esas mujeres complacientes y bondadosas que tienen sexo solo por complacer a sus maridos, no porque lo deseen por ellas mismas.
Esta idea implica que su cuerpo, de algún modo, no es suyo, sino del hombre con el que se casa, del cura que la confiesa, del médico que la explora, del gobernador que ejecuta las leyes, de los parlamentarios que las aprueban. Su cuerpo reproductor es un bien social, por eso la maternidad se contempla como algo obligatorio, natural y necesario para las mujeres.
Ya sabemos que a las mujeres que han elegido un camino distinto haciendo ejercicio de su libertad les ha tocado morir torturadas, asesinadas, y quemadas en la hoguera. La figura de la bruja, la vampiresa, la loba, la hiena, ha sido común para representar a las mujeres con deseo sexual, y forma parte de las pesadillas del imaginario masculino la mujer a la que ningún hombre sacia.
En nuestra cultura, las mujeres que han disfrutado de su cuerpo y su sexualidad han sido siempre estigmatizadas socialmente como malas mujeres, mujeres de vida alegre, mujeres de la calle, putas o ninfómanas. En definitiva, las mujeres que se apartan de sus estereotipos y roles de género, y su función reproductora, son penalizadas socialmente por ello, y esto ha sido así durante muchos siglos.
Por eso han tenido que recurrir siempre a cómplices y ayudantes para poder vivir su sexualidad al margen de la moral patriarcal. En el caso de las lesbianas, el ambiente doméstico propició de alguna manera que las mujeres pudieran compartir placeres y cariño sin la represión masculina, aunque siempre en la clandestinidad.
En el caso de las heterosexuales, son las alcahuetas, celestinas, criadas… las que ayudaban a las mujeres recluidas en su casa destinadas a un matrimonio de conveniencia. Ellas facilitaban los acercamientos masculinos, el establecimiento de las citas clandestinas, el reparamiento de virgos antes de las bodas, el adulterio sostenido de las casadas. Y es que la hipocresía cristiana y burguesa daba por sentado que las mujeres no tenían deseos propios y que su deber era guardarse del deseo masculino, siempre potente y desbocado.
El clítoris fue descubierto en el siglo XVI y redescubierto por la sexología a finales del XIX. El orgasmo múltiple en el XX. Cuando digo “fue descubierto” me refiero a que lo descubrió la Ciencia, que hasta entonces había sido exclusivamente cosa de hombres. Nosotras ya sabíamos lo del clítoris y también conocíamos los orgasmos múltiples sin que ningún especialista nos tuviera que decir nada. Pero para la opinión pública supuso un escándalo constatar no sólo que la sexualidad femenina no es inferior ni más débil que la masculina, sino probablemente más placentera que la masculina porque la mujer no se descarga y muere, sino que es capaz de perderse en las cimas del placer sin descender de ellas durante mucho tiempo.
En el caso de los hombres, el orgasmo es esencial para la inseminación: las embestidas empujan los espermatozoides dentro de la vagina. El óvulo de la mujer, sin embargo, es expulsado naturalmente por el ovario una vez al mes, independientemente de su respuesta sexual; esto es lo que hace incomprensible la función del orgasmo múltiple para los científicos.
Según Helen Fisher (2007), una de las causas del orgasmo femenino radica en el placer que siente la mujer: “para la mujer el orgasmo es un viaje, un estado alterado de conciencia, una realidad diferente que la eleva por una espiral que llega hasta el caos, y que luego le proporciona sensaciones de calma, ternura, y cariño que tienden a cimentar la relación con el compañero”.
Otros autores inciden en la idea de que el orgasmo sacia a la mujer, y eso la induce a permanecer acostada, lo que impide que la esperma escape del canal vaginal.  El antropólogo Donald Symons piensa que, al no tener el orgasmo femenino una utilidad directa en la concepción, es un fenómeno anatómico y fisiológico innecesario que ha subsistido a la evolución femenina solo por su importancia para los hombres. Como el orgasmo es señal de haber llegado a la máxima satisfacción, a los hombres les gusta que la mujer lo experimente porque es la prueba de la gratificación de su compañera, y tal vez porque suponen que de ese modo tenderá menos a buscar aventuras sexuales.
Desde esta óptica (poco afortunada a mi entender), el orgasmo femenino sirve o existe para alimentar el Ego del macho y lo prueba el hecho de que muchas fingen tenerlo para no herir a su compañero. Catharine MacKinnon, por ejemplo, ve en la “simulación del orgasmo” una demostración ejemplar del poder masculino de conformar la interacción entre los sexos de acuerdo con la visión de los hombres, que esperan del orgasmo femenino una prueba de su virilidad y el placer asegurado por esta forma suprema de sumisión.
Como el placer femenino no ha de ser retenido, ni cae en picado como sucede en la eyaculación, la mujer que disfruta está siempre en el cénit, navegando por las cumbres del éxtasis. Es, en este sentido, un placer desordenado, sin principio ni fin: “En su erupción voluptuosa, el cuerpo femenino es desobediencia civil a la anatomía impuesta; induce metafóricamente una nueva socialidad, un nuevo exceso; y demuestra lo siguiente, que lo genital y sus placeres localizados son una limitación a la que un día, hace poco, obligamos al cuerpo”. (Pascal Bruckner, 1977)
La sexualidad femenina confunde al hombre, según este autor, porque constituye, aun hoy en día, un tipo de sexualidad diferente a la suya, un mundo, pues desconocido y temible. El hombre nunca puede estar seguro de si su aparato sexual va a funcionar como es debido, si después de una erección podrá lograr otra. A veces se encuentra atrapado en su propio falo mientras el placer de la mujer se expande en el tiempo y el espacio: “En los orgasmos de las mujeres habitan unos universos increíbles de los que nos enamoramos locamente a pesar de su distancia insuperable. Aun cuando los gestos de la amada parecen dirigidos y dedicados a nosotros, siguen expresando las oscuras regiones que nos excluyen”. (Bruckner, 1977)
Las mujeres deben orientar y definir su erotismo de acuerdo con las normas dominantes y simultáneamente, con las específicas de su género. Las mujeres tienen así, según Marcela Lagarde, una doble asignación erótica: tienen deberes, límites, y prohibiciones, por ser miembros de una determinada cultura, y otros específicos por ser mujeres.
Una de las razones por las que existen entre 85 y 114 millones de niñas y mujeres mutiladas en el planeta es porque se piensa que sin capacidad para tener orgasmo, serán mujeres fieles a sus maridos. Si se mutilan masivamente es porque se sabe que todas las mujeres tienen una sexualidad tan “fuerte” o mayor que la del hombre, y por eso se trata de eliminarla. Porque se entiende el cuerpo femenino como para ser usado por un hombre, no para ser disfrutado por la propia mujer. Y también porque se entiende que la sexualidad femenina ha de ser controlada, constreñida, arrancada, para que no se desparrame.


jueves, 27 de noviembre de 2014

¿Quién sufre venustrafobia?

Quienes sufren de venustrafobia experimentan sensaciones de temor y rechazo a las mujeres atractivas.



Las personas que padecen este problema experimentan sensaciones de temor y rechazo a las mujeres atractivas. Algunos individuos cuyas parejas destacan por su físico sienten una cierta preocupación, pues creen que esa cualidad aumenta el peligro de perderla.
No obstante, el miedo de los venustrafóbicos, a los que también se denomina caliginefóbicos, va mucho más allá, pues viven angustiados por un sentimiento de aprensión persistente e injustificado.
En principio, es difícil que mantengan una relación con una chica que consideran hermosa, ya que, aunque sientan su encanto, tenderán a evitarla.
Como en otras aversiones obsesivas, la causa de la venustrafobia puede encontrarse en una experiencia traumática. Así, el afectado pudo vivir, por ejemplo, una situación de rechazo en la que se sintió humillado por parte de una fémina apuesta.
Esto puede llevarle a generalizar su vivencia, asociar hermosura con situación de riesgo y rechazar circunstancias similares para no fracasar de nuevo. También puede darse una conjunción de factores, como timidez, baja autoestima y machismo, que propicien la aparición de esas sensaciones, lo que puede dar lugar a conductas misóginas.